Rompe los huevos en un bol.
Añade la leche condensada.
Mezcla con la batidora durante unos 2 minutos.
Mezcla la levadura química con la harina.
Incorpora esta mezcla a la composición y bate hasta que la masa quede homogénea.
Coloca papel de horno sobre la mesa y, con ayuda de un molde de 18 o 19 cm de diámetro, marca un círculo para formar la base de masa.
Pon unas 2 cucharadas de masa dentro del círculo y extiéndela de forma uniforme con una cuchara o una espátula.
Transfiere el papel de horno con el círculo de masa a una bandeja grande y hornea durante unos 3–4 minutos a
180 °C. Da la vuelta al papel de horno y despega con cuidado la base sobre un plato mientras aún está caliente; si se enfría sobre el papel, será más difícil retirarla. Con esta cantidad de masa obtendrás 11 bases.
Preparación de la crema: pon la crema agria en un bol.
Añade el queso crema.
Incorpora el azúcar glas.
Agrega el azúcar vainillado.
Por último, añade la nata al 33% y bate bien con la batidora hasta que la crema espese.
Esta es la consistencia que debe tener la crema.
Montaje de la tarta: unta cada base con la crema, usando aproximadamente 2–3 cucharadas por capa.
Si lo deseas, coloca frambuesas entre algunas capas.
Con ayuda de un cuchillo alisa la parte superior y los laterales de la tarta.
Así es como se ve la tarta; solo queda decorarla.
Ralla un poco de chocolate negro y espolvoréalo por encima, luego distribuye las frambuesas. Puedes decorar como quieras: si tienes otros frutos rojos o fresas, también los puedes usar. Deja la tarta en la nevera toda la noche.